Saludo entre perros

Estoy segura de que muchos lectores habrán visto cómo dos perros que no consiguen acercarse, porque van por distintas aceras, se miran, parece que con lástima, mientras se van alejando el uno del otro casi como diciendo: ¡cómo me hubiera gustado saludarte!

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La actitud de un perro cambia cuando ve a otro perro, todo su interés se dirige hacia él y, por lo general, ambos parecen deseosos de acercarse. No sabemos exactamente qué hacen, qué huelen, qué información necesitan, ofrecen o recogen del otro perro ni en qué momento se sienten satisfechos, pero sí sabemos que se saludan con mucho entusiasmo y con una gran concentración e interés por lo que deberíamos facilitarles la posibilidad de hacer algo que para ellos resulta tan importante.

El saludo incluye desde el avistamiento hasta la separación, pasando por el acercamiento y la inspección del otro. El proceso completo puede durar desde tan solo unos instantes a varios minutos. La duración y las fases son variables, no siempre ocurren todas las secuencias y no todos los perros hacen lo mismo. Dependiendo de sus motivaciones y sus experiencias, habrá perros que se conformarán con verse y pasarán de largo, unos establecerán contacto físico y otros no, habrá perros que se acercarán despacio, otros que esperarán quietos a que el otro se aproxime y otros que se entusiasmarán, avanzarán directamente o ladrarán. La exploración puede ser breve y desinhibida o larga y cautelosa. O también puede suceder que los perros no parezcan dispuestos a acercarse a algunos perros en concreto y lo expresen de forma clara rechazando el encuentro. Muchos perros hacen señales de calma en cuanto se ven, realizando una o más de estas acciones: mantienen una distancia con el otro perro, caminan más despacio, giran la cabeza, se agachan, giran el cuerpo, avanzan realizando una curva, mantienen una pata en el aire, se tumban, se sientan, huelen el suelo, etc. Otros, sobre todo los cachorros y los jóvenes, no tienen mucha práctica y son más directos e impulsivos. Los perros mayores suelen ser más serenos.

Algunos se huelen primero las caras y luego los traseros, otros al revés, otros solamente una de las dos zonas, otros se ponen a saltar, otros a corretear…

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En ocasiones sus saludos no se ajustan a nuestro “ideal”, lo cual no tiene porqué suponer ningún problema, no debemos pensar que nuestro perro no es educado o que es huraño o bruto. Al igual que nosotros, ellos tienen sus preferencias y sus manías. Sus saludos dependerán de edad, sexo, estado de ánimo, estado de salud, si conocen o no al otro perro y, por supuesto, de sus experiencias. Cuando los perros van sueltos y nosotros no intervenimos, sus saludos se suelen desarrollar de forma natural y sin problemas, pero cuando los perros van atados y sobre todo cuando los dueños se ponen nerviosos e intervienen, entonces se crean tensiones desagradables para ambos que pueden generar problemas.

En estas ocasiones muchos dueños viven el momento del encuentro con otro perro con gran inquietud e incluso en algunos casos, intentan evitarlo haciendo algunas de estas cosas, que, como veremos, conllevan consecuencias desastrosas:

  • Levantando al perro en brazos (si se trata de uno pequeño). Cuando esto sucede, el perro se siente más vulnerable, no tiene posibilidad de realizar sus rituales de saludo ni de huir y es muy probable que ladre o gruña cuando el otro perro se acerque. Muchos perros pequeños se ven privados una y otra vez de la posibilidad de saludar a otros perros, no consiguen practicar ni adquirir experiencia en el saludo nunca. Algunos de ellos siempre verán a los demás perros como algo amenazante de los que su dueño trata de separarle.
  • Tirando del perro hacia otro lado. En este caso el perro sufrirá dolor en el cuello y podrá asociarlo a la presencia del otro perro. Si la situación se repite es muy probable que una asociación muy desagradable se empiece a crear: “cuando otro perro se acerca sufro dolor en el cuello”. Si nos fijamos, es precisamente en las situaciones en las que nos ponemos nerviosos y tensamos o recogemos las correas, cuando suceden los problemas.
  • Reclamando su atención. Cuando el perro está obligado a mirar a su dueño, deja de estar atento a lo que tiene que estar: el otro perro. No solo deja de ver los gestos que su congénere hace, sino que él tampoco puede realizar sus rituales de saludo ya que está mirando a su dueño. Si llegan a acercase, ambos perros podrán estar desconcertados porque el proceso completo del saludo ha sido interrumpido.
  • Ordenándole que se siente o se tumbe para que no se acerque al otro perro. Algunos dueños piensan que su perro es algo brusco en los saludos y, ante el temor de que pudiera haber algún problema, prefieren que el perro espere sentado. El perro permanece en esa postura mientras el otro perro se aproxima, da vueltas a su alrededor y le olisquea. Pronto los encuentros con otros perros empiezan a ser muy desagradables, ya que el perro se ve invadido y privado de sus recursos naturales para saludar de forma correcta (mantener una cierta distancia previa, aproximarse dando una curva, girarse, etc.). El dueño puede pensar que su perro está así tranquilo, pero la realidad es que el perro está inmóvil, que no es precisamente lo mismo.

Lo que a veces se piensa que es la solución a los saludos que pueden parecer bruscos o derivar en algún problema, en realidad puede ser el detonante para que el perro aborrezca los encuentros con otros perros y que incluso empiece a temerlos. Es así como realmente aparecerán los temidos problemas.

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El exceso de control suele estar relacionado con la falta de confianza: imponemos normas severas porque pensamos que sin ellas el perro no se comportará correctamente. Pero mientras los animales crecen, hay momentos en los que no se comportan como es debido, es más, necesitan cometer esos “errores” para aprender de ellos (¡a los humanos también nos pasa!). En vez de intentar controlar sus encuentros y dirigirlos de la forma que a nosotros nos parezca correcta, procuremos ayudarle para que pueda saludar a su manera, que pueda expresarse de la forma que a él le resulte más necesaria y agradable. ¿Cómo lo podemos conseguir?

Tanto si van sueltos como si van atados:

  • Observándoles y aprendiendo de ellos: observemos qué señales de calma hacen, qué rituales realizan. Aprendamos a distinguir sus movimientos de acercamiento al otro perro, en qué situaciones hacen unas cosas u otras. Este aprendizaje nos ayudará a entenderles, a ayudarles mejor y además nos proporcionará más tranquilidad y confianza.
  • No llamándoles ni distrayéndoles constantemente en los encuentros: respetemos esos momentos, dejemos que se concentren en lo que en ese momento es más importante para ellos: saludar.
  • Siendo especialmente cuidadosos con los cachorros y los perros mayores. Los cachorros son muy confiados, pero también pueden resultar algo “pesados” para los demás perros. Dejemos que los cachorros saluden, pero procuremos que los encuentros no se alarguen demasiado. Los perros mayores suelen ser muy educados en los saludos pero también son frágiles y, a menudo, sufren algún tipo de dolor: estemos atentos cuando hay cachorros y jóvenes para que no lastimen ni acaben con la paciencia del perro mayor.
  • Ofreciéndoles posibilidades para que estén con otros perros, sobre todo para que puedan saludarse correctamente. Esto es especialmente importante para los perros jóvenes que saludan de forma impulsiva. Ellos acaban aprendiendo pero necesitan modelos adultos serenos. Intentemos acercarnos a perros adultos tranquilos que saludan sin demasiada excitación. Seamos pacientes.

Si van atados:   

  • Proporcionándoles equipamientos agradables que no les provoquen ningún dolor en el momento del saludo ni les reduzca la capacidad de movimiento. Me refiero a arneses confortables y correas largas. Con este equipamiento nuestros perros podrán realizar todos los rituales necesarios sin experimentar molestias o tensiones. Una correa larga les dará la libertad de movimientos necesaria. Un arnés impedirá que cualquier tirón accidental les haga daño en el cuello y les pueda provocar una asociación incorrecta (“la visión de ese perro me ha causado dolor”).
  • No pegando nunca tirones de la correa ni tensándola en los encuentros. Así evitaremos crear asociaciones desagradables relacionadas con la proximidad de otro perro y el dolor que le causa el tirón.
  • No forzando los encuentros: si los perros rehúyen el saludo respetémoslo sin obligarles a que se acerquen. Los perros, al igual que nosotros, tienen sus preferencias.
  • Confiando en ellos, no intentando controlar siempre todas las situaciones. Si mantenemos la correa floja, lo más probable es que todo se desarrolle de forma tranquila y normal.

Ellos no necesitan que les enseñemos cómo se debe saludar a otro perro, lo saben hacer y lo perfeccionan con cada nuevo encuentro. Lo que necesitan es que nosotros les permitamos hacerlo, y para ello tendremos que aprender a comportarnos de forma adecuada cuando quieren saludarse. Seamos tolerantes y respetuosos con sus rituales de saludo.

Para leer más:

  • Libro: Las señales de calma Autor: Turid Rugaas Editorial: Kns ediciones Para muchas personas ha habido un antes y un después en la forma de entender a sus perros gracias a este pequeño libro de la autora noruega Turid Rugaas y publicado por primera vez en España en el 2001.
  • DVD: Las señales de calma Por Turid Rugaas Editorial: Kns ediciones La autora ilustra y detalla en este video las señales de calma descritas en el libro.

Fuente: Cristina Muro, diciembre 2011

www.aepa-euskadi.org

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